No se si os pasa, espero que sí, que teneís en vuestra vida una amiga que sabes que está siempre a tu lado. Yo tengo esa suerte. Doblemente. Porque la tengo desde que nací y sé que estará siempre. Ese siempre me ha dado seguridad a mi vida. El saber que no estoy nunca sola. El tener al otro lado del teléfono siempre a alguien. Esta sensación tan bonita, es todavía aún mas cuando esta amiga es una persona tan valiosa. Ella es una persona prudente, que siempre tiene en los labios el consejo adecuado. Aunque a veces solo exprese un monosílabo, con sus palabras ves las cosas desde otra perpectiva. Es discreta y puedes contarle cualquier cosa. Es la persona más generosa del mundo. Y no es una exageración. No sabe hacer otra cosa en la vida que dar a los demás. Su capacidad de dar todavía me asombra y mira que llevo a su lado toda la vida. Puedes ir de compras con ella ( ella no diría lo mismo de mí, evidentemente), puedes ir a tomar un café o salir de marcha. Sabe adaptarse a todas las situaciones, puede hablar con todo tipo de personas. Y siempre es auténtica. No se si la quiero más que la admiro. Ahí debe de andar la cosa. Y es que soy muy afortunada. Porque con el paso de los años, la vida te va separando de los amigos, los trabajos, las prisas, las familias que nacen. Pero yo... estaré unida a ella siempre. Tengo algo más que la certeza. Porque además de ser mi amiga, es mi tía. Y no se que cosa fue primero, porque desde que mi recuerdo alcanza, me ha tenido jugando en su regazo. Nos llevamos muy pocos años, y siempre hemos tenido un día a día cercano. Cuando era pequeña, y me subía encima, jugaba a hacerse la muerta. Yo era la que me moría cuando no movía ni una pestaña. La zarandeaba hasta que estallaba en risas. Siempre enganchada a ella, fuí antes que mis amigas a una discoteca. Y me caí en la puerta de una, también antes que ellas, claro ( pero esto es otra historia). He disfrutado en la infancia del circo, del cine y de todo lo que podaís imaginar. Porque nos llevaba siempre. A veces pienso lo distinta que hubiese sido mi vida sin ella. Y no soy capaz ni de imaginarla. Porque no sería tal como soy. Te quiero mucho, guapa. Se que lo sabes. Pero ahora que lo sepa todo el mundo. ( Sergio y Susana me dicen que te diga que ellos también te quiere mucho, muchísmo)
Esta tarta esta hecha al gusto del consumidor. Es decir, al gusto de la cumpleañera. Son profiteroles rellenos de nata, montado sobre una capa de hojaldre, cubierto por crema pastelera al ron, con un toque de toffe.
Os pongo la receta de los profiteroles y de la crema pastelera. Pero creo que ya están puestas por otros lados.
Profiteroles. 100 gramos de leche 80 de agua Un sobre de vainilla azúcarada 3 huevos 100 gramos de harina Un chorro de ron 75 gramos de mantequilla. Una pizca de sal.
Poner a hervir la mantequilla con la leche, el agua, el azucar y la sal. Cuando rompa a hervir, echar de golpe la harina y mover muy fuerte. Dejar enfriar. Y añadir poco a poco los huevos. Luego poner en una manga pastelera. 180 grados 30 a 40 minutos.
Crema pastelera ( De Alicia, de canecositas) 250 gramos de leche condensada 250 gramos de leche normal Un chorro de ron 40 gramos de maicena 20 gramos de mantequilla 2 yemas de huevo ( yo he puesto tres)
Nata montada con un poco de azúcar. Rellenar con la manga pastelera los profiteroles ya fríos.
Poner todos los ingredientes a hervir removiendo bien, a fuego lento hasta que empiece a espesar. Apartar y echar la mantequilla. Remover hasta que con el calorcillo se disuelva.
Montaje de la tarta
Primero he puesto el hojaldre. Luego profiteroles dando la vuelta al hojaldre. Pegados con salsa toffee (también puedes hacerlo con caramelo o chocolate) Luego echar en el centro la crema pastelera de ron Cubrir con profiteroles, yo los he tenido que pegar con chocolate porque la salsa toffee no pegaba Y luego adornar con la nata que te sobre ( he montado medio lito)
Esto que veis es un pequeño pastelito de chocolate, con una mini hada encima. Aunque en la foto ha salido enorme, es muy pequeña. En la mano iba una estrella pero fue a parar al suelo y ... el perro de mi vecina se la comió. Con una rapidez, que vamos... visto y no visto. El pastelito esta hecho de un brownie al micro, que os dejo la receta, he hecho una plancha grande y luego con un cortador redondo he hecho pequeños pastelillos. Más fácil imposible. Este lleva nata montada a la que le puse unas cucharadas de cacao en polvo. Y sobre ella la hadita de fondant.
Mi amigas foreras, con las que quedé la otra tarde, me dicen que cuando van a leer mi blog, cogen el pañuelo. Ala Loli, que exagerá que eres... Pero bueno como no quiero haceros llorar na más, os voy a contar algo muy gracioso. De película, pero real como que soy una de las protagonistas.
Nos habíamos ido de viaje. Como siempre un grupo de amigas. A dar una vuelta por Italia. Casi todas éramos compañeras del instituto, donde pasamos las mejores horas de nuestra vida. Porque estudiamos Educadoras de disminuidos psiquicos y claro,era algo especial, para gente especial.
Habíamos oído hablar de los italianos y de todo lo que nos podía pasar en Italia. Fue un viaje subrealista. Creo que no nos pudo pasar nada más.
Estábamos en el Mcdonald céntricos (porque las pizzas ejem, dejaba mucho que desear, pero no fui yo la que escogió el restaurante), entro al baño (como siempre) y hay unas chicas maquillándose. De repente una se queda con la boca abierta, nada raro porque estaba con el rimel, y eso es inevitable, y me mira...y le dices a las otras "niñas, mira como se parece esa itiana a Flores". Yo que escucho mi apellido, y hablo en Español " Yo no soy italiana"... "a es que eres igualita a nuestro entrenador de balón mano". Ummmmmmm pues mi primo es entrenador de balón mano. Vaya,que es mi primo. Su entrenador. Salgo del Mcdonald, pensando en que soy más guapa que mi primo y que debe de ser una broma, porque no me parezco en nada ( no es que mi primo sea feo, es que yo soy una mijilla más guapa). Pero en fin...si en tierras lejanas nos sacaron parecido... Esa misma mañana, en el autobús vimos un cartel que ponía "cuidado con los carteristas". Vaya, no se que es peor, si el ·prohibido escupir" de España, o esto. Pensamos que no era para tanto hasta que delante nuestra , un señor entra jetado, empieza a quitarle la cartera a un señor chino ( lo mismo era japonés es que no se distinguirlos). Íbamos cinco en el autobús, y empezamos con señor cuidado, cuidado, cuando nos vimos rodeada de tres enchaquetados que mmmmmmm, no nos gustaron mucho. Lo cierto es que al señor chino no le robaron la cartera, pero nosotras al bajar de autobús, sorpresa, que nos había robado a nosotras. A mi el mapa del Mcdonald. A mi compañera de asiento el mechero y el tabaco. A las otras tres el móvil. Estupendo, un buen trabajo si señor. A partir de ese momento empezó la psicosis claro. Donde meter las cosas para que no nos robaran. No puedo describirlo. Pero no acabó ahí el día... por la noche, después de caminar Vaticano pa arriba, Vaticano pa abajo, estaba plácidamente dormida en mi habitación. Cuando siento que una mano me toca la cara y me dice " Bella", "Bella". Dos italianos se habían colado por la ventana. Tal como os lo cuento. Mi compañera de habitación, Auxi, con su superpijama de la hello kitty, pegando zapatazos, a los dos chicos que estan borrachos como una cuba. Ni que decir tiene que en recepción no nos hicieron ni caso. Mis gritos se oyeron hasta en Málaga,que me lo dijo mi madre. Jamás en mi vida digo palabrotas, lo que me conocéis lo sabéis. Pues ese día hasta me inventé. No se iban ni con agua caliente. Para colmo vinieron las compañeras de las habitaciones de al lado, y los italianos pensaron que estabamos haciendo una "fiestecilla". Hasta que Mariló (no yo, la otra), se hartó. Y dijo "ya me jartao". Cogió a los dos italianos a la vez de los pelos. Como os lo cuento. De los pelos. Por el camino iba dejando muy claro en que parte de su anatomía iban a tener su 39 si volvían a molestarnos. Pa mí que entieron español de golpe. Pero eso no fue todo. A la mañana siguiente nos encontramos con un grupo de cordobeses muy graciosos. Y mientras hablabamos, vinieron de no sé donde, un millón de gitanillos que no levantaban un palmo, y con un periódico en la mano y un golpe se llevaron las 7 cámaras de fotos que teníamos encima. Las siete a la vez. Sincronizadas. Entonces decidimos que lo mejor era salir con lo puesto, porque sino, disfrutar no íbamos a disfrutar na de na. Por la noche, partido de la Roma y el Milán. Jamás vi una cosa igual. A mí que me gusta en fútbol, sentí una ...vergüenza ajena. Grupos de chicos tirando botellas contra coches aparcados, rompiendo lunas. Nos quedamos en la habitación deseando estar en otra parte del mundo. Contándole mi estupendo viaje por Italia a unos amigos ( el resto, Venecia, Florencia no fue así...fue peor), me llamaron exageré. Cuando ellos regresaron, no sólo le habían clonado la tarjeta de crédito, sino que de un tirón de la cámara de vídeo, le dislocaron el hombro. Afortunadente, conozco a mucha gente con otras experiencias. Pero yo por si acaso...a Italia como que no vuelvo. Con lo buena que me sale a mi la lasaña y las pizzas...
Ingredientes para la placa de brownie: 125 de mantequilla 125 de chocolate fondant 100 gramos de azúcar 3 huevos medio sobre de levadura 80 gramos de harina.
Fundir el chocolate y la mantequilla en el micro. Dejar enfriar un poco. Batir los huevos con el azúcar. Hasta que espesen. Tiene que tener una consistencia distinta a cuando empezamos a batir. Luego añadimos el chocolate con la mantequilla. Más tarde la harina y por último la levadura. Remover bien al micro en un recipiente cuadrado que gire..( el de la lasaña he utilizado yo). Y cinco minutos a máxima potencia y 5 esperando que repose, Cortar con un aro pequeño y a decorar...
Ya me salen como rosquillas los cerditos. Después de hacer mil quinientos cincuenta... Mi afición al fondant nace de la continua frustración que me producía que un alumno me dijera "seño hazme un caracol".Un simple caracol...imposible. Nula totalmente nula. No era capaz. Siempre buscaba la excusa perfecta: "Tú sabes que la seño no puede hacer las cosas de los niños, sino no aprenden" o " No me gustan los caracoles te hago una flor". Pero la flor nunca parecía una flor y mira que los niños tienen imaginación. Así que como casi siempre que me siento inútil para algo, decidí empezar a aprender. Empecé con la plastilina. Un desastre. Y un buen día llegó internet. Y encontré cientos de cosas que me iban a ayudar a aprender. Os prometo que yo soy la primera asombrada cuando algo me sale. Y no me sale nunca nada a la primera. Necesito muchas horas de práctica. Pero cuando he hecho mil quinientos... sale solo ... El fondant es un mundo mágico. Es precioso. La pasta de azúcar es un sensacíón entre las manos muy diferente a la plastilina. Muy suave...y placentera. Y cuando terminas de hacer una figura... sientes una pena cuando se la comen...ahi madre mía... Con los anillos y pulseras que diseño no me pasa eso. Porque aunque se las venda a alguien, no se las comen. Y la sensación de trabajo perdido es menor. Además algunas veces estoy de compras y reconozco en alguna mano algún diseño mío y eso me da mucha alegría (Siempre digo bonito anillo, claro). Pero el fondant es distinto. Y enseñar a trabajarlo une las dos cosas que más me gustan. La enseñanza y la cocina. No imaginaís como disfruto...
La receta de la magdalena es una magdalena de aceite, de Carlos Arguiñano o quizás de Eva. Bueno como son familia no se van a enfadar.
4 huevos
250 gr. de azúcar
200 gr. de harina
½ vaso de aceite virgen extra
1 sobre de levadura en polvo (yo no quería que subieran así que le puse medio)
Pon en un bol los 4 huevos. Añade 200 gr. de azúcar y bate con una batidora de varillas eléctrica. Vierte el aceite poco a poco sin dejar de batir.
En otro bol mezcla la levadura con la harina. Pasa la mezcla por un colador e incorpora a la masa de huevos. Mezclar con movimientos envolventes y siempre en la misma dirección.
Pon la masa en la manga pastelera y rellena los moldes de papel. Coloca sobre cada madalena una pizca de azúcar e introduce en el horno previamente calentado, a 180º C, durante 20 minutos.
Hace unos días me reencontré con alguien. Y le prometí que le dedicaría una receta. Nos conocimos hace unos cinco años. Trabajaba con mi pareja, y no estaba pasando un buen momento. Recuerdo la primera vez que lo ví. Estaba sentado en una hamburguesería ( la mejor del mundo por supuesto). Sus ojos claros estaban tristes y no encontraba palabras para describir su desconsuelo. Aquel día nos unió una complicidad, que no importa el tiempo que pase sigue ahí. Siempre me alegro de verlo. Juan y yo no somos ni siquiera de la misma generación. No tenemos nada absolutamente en común. Pero hemos sabido siempre tener una relación donde el respeto de uno tropieza con el respeto del otro. Nos hemos reído juntos, hemos cenado alguna vez que otra e incluso hemos viajado a ver las carreras. Y siempre siendo el mismo niño alegre y despreocupado, intentando por todo los medios unir a los demás, crear un grupo. Es sencillo y travieso, y aunque ahora estemos separados el sabe que siempre que quiera me tiene aquí. Menos para comer hamburguesas claro... Un beso para ti y Fany.
Esta es una de esas recetas que surge de la casualidad, al querer hacer varias recetas a la vez y no decidirme. Y el resultado esta vez...me ha sorprendido mucho. Pero que bueno está, y dura tierno hasta 4 días. El nombre...muy sencillo...es que todo va de 100. O casi todo... Tengo que contaros algo que muy gracioso que me pasó el otro día. Este año mis alumnos tienen cinco años. Es la edad perfecta para decir lo que piensan y disfrutar de lo lindo de todo. Yo normalmente los chantajeo emocionalmente con mis galletas. Y el otro día llevé galletas Cookies. Los pequeños diablillos se han dado cuenta de lo que me gusta que me digan lo buena que están, porque no hay ni uno que antes de pedirme otra no me diga "seño, está riquísima" o "seño eres la mejor cocinera de este mundo". Increíble como me manipulan... Había prometido una galleta al que terminara la tarea. Y uno de ellos, un gitanillo con un arte que no se puede aguantar, veía como los compañeros, iban terminando y las galletas se iban acabando. Casi no tenía opciones ( no sabía que yo tenía más en el bolso claro). Quedaban tres galletas y yo tenía que ver la hoja terminada. Así que la linda criatura pensó "si borro toda la hoja muy bien borrada y le enseño la última, pues parece que la he terminado". Casi me la pega, sino llega a ser porque otra compañera me había contado que otro de mis "inteligentes" alumnos se la quiso pegar igual. Asombroso como borró la tarea. No quedaba ni rastro. No tenía pruebas. Tenía dos opciones. O decirle que lo había descubierto, lo cual negaría hasta la saciedad o buscar la forma de que el mismo se delatara. Y no pude reírme más. Quedaba una galleta. Y otro compañero terminó a la misma vez que él. Así que debíamos decidir quien se comía la galleta. Los dos dijeron lo mismo. Mejor partirla, y comerse cada uno la mitad. Pero entonces yo dije no, que se la daríamos a quien se la mereciera. Solo teníamos que decidir quien quería más a su seño. El que quisiera más a su seño, se llevaba la galleta. El otro niño me miraba como diciendo "pero tú eres tonta si los dos te queremos anda suelta ya la galleta". Y empecé mi estrategia, lo que me puede reír. Un concurso de preguntas y respuestas. A ver.... "Si vinera un perro muy grande...muy grande... y me quisiera tirar un bocado , ¿me ayudarías? Los dos contestaron que sí. A ver... "Si me duele la garganta y no puedo hablar... ¿Quién se callaría?" Aquí no se pusieron muy de acuerdo que digamos...que si tu hablas todo el rato,que si tú también" Después de cinco preguntas, hice la siguiente: " ¿Cuál de los dos me miente? Y el arte personalizado se levantó con una cara de pocos amigos, hechando humo por la nariz, agitando los brazos y diciendo: - Valeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, dale ya la galleta a él. Y se tapó la cara con las manos, acostandose sobre la mesa. La culpabilidad le pudo. No podía con ella. Hizo esa hoja y la siguiente pero ...como no, se comió su galleta. Seguro que era la galleta que más trabajo le costó conseguir...
3 huevos 100 gramos de leche condensada 100 de aceite de girasol 100 gramos de azúcar Una cucharada de vainilla 100 gramos de galletas María. 45 gramos de avellanas ( es que no tenía 100) 100 gramos de harina Una cucharadita de levadura Una pizca de sal 3 cucharadas de cacao en polvo
Batir los huevos con el azúcar mucho... Añadir el aceite. Remover hasta integrar (cuesta) Añadir la leche condensada. Remover de nuevo. Si te duele el brazo puedes descansar un rato. Luego picar las avellanas hasta hacerlas harina. Igual con las galletas. Tiene que ser harina. Mezclar las avellenas con las galletas. Y echar a la mezcla que teníamos. Echar la harina mezclada con la levadura.
Cuando uno esta de buen humor, se acuerda de las historias graciosas que le han pasado. Hoy me acordaba de una, que me pasó tal día como hoy, hace un año.
Mi amigo y yo, estábamos en el maratón de cuentos de Guadalajara. Necesitabamos comer algo, y yo conocía un pequeño bar en el centro que preparaban muy bien el pescado.
Me había puesto una falda con una raja en un lateral. Mi amigo iba prostentado por la falda."Todo el mundo te mira, es normal, mira que raja llevas, si te sientas y se te ve el carnet de identidad". Exagerao, porque pa tanto no era...
Nos sentamos en la mesa y dale, que le había dado por la faldita.
Nos trajeron la bebida, y vino un camarero, andaluz, a tomarnos nota.
Queríamos pulpo a la gallega, rabas de calamar y alguna cosa más que no recuerdo.
Pero mi amigo se equivocó y en vez de pedir "Rabas" pidió unas "rajas". El camarero le miró con una cara de guasa, y le dijo con to el arte del mundo "¿ Que te ponga que? Macho...¿Tú en que estás pensando?
Yo no podía parar de reír. Pero mi amigo el pobre no se dio cuenta de lo que había dicho y siguió.
"Una ración de rajas". Aquí fue cuando yo espurreé todo el zumo a la mesa de al lado, al camarero y media Guadalajara. El camarero, que era de un arte, se le acerca al oído y le dice " no si yo te entiendo. Yo tampoco tendría otra cosa en la cabeza".
Cuando le explique lo que había dicho quiso irse sin cenar, pero no lo dejé. Es una de las cenas que más he reído de mi vida.
Creo que todavía no me han perdonado...
Estoy preparando un curso de cupcakes, que daré en Torremolinos en Julio, así que he hecho estos cup cakes, para ir haciendo fotos para el cartel anunciador.
Una chica del foro puso una receta de magdalenas a la que añadía gelatina para darle sabor.
Así que he cogido las que hago siempre y le he hechado un poco de gelatina de kiwi.
A mi el sabor del kiwi no ha acabado de convencer del todo, pero me pasa igual que la gelatina ( por eso estaba sin usar)
Ingredientes:
4 huevos
200 g de azúcar
200 g de mantequilla
220 g de harina normal
Un pellizco de sal
1 sobre de levadura
2 cucharadas de gelatina con sabor( el que más os guste)
Batir la mantequilla con el azúcar. Añadir la gelatina, luego la sal y poco a poco, uno a uno ya batidos un poco, los huevos.
Despues la sal, la harina mezclada con la levadura.
Meter 20 minutos a 180. Ojo eso es mi horno en otros puede tardar más o menos.
No me gustan las despedidas. Es un momento que no acabo de resolver bien. Las sensaciones que me embriagan me remueven por dentro con tanto hastío que siento como si tuviera un millón de motitas de frustración pegadas al cuerpo. Esta semana he tenido demasiadas despedidas. Gente que te ha acompañado un trozo del camino y que ahora cambia de rumbo. Conocí a S. un día de diciembre. Recuerdo la impresión que me llevé el primer momento que lo vi. Esos ojos tan negro que no articulaban palabra. Y que miraban con recelo mi casa, mi salón y a mí. S. acababa de llegar a España. Un vecino, al que estuve ayudando con el español, me lo había casi, casi impuesto como alumno. Vendría una vez a la semana, quizás dos, para que le enseñara español. Mi vecino era un chico joven, de unos 16 años. Cuando me dijo que dos amigos suyos necesitaban aprender español, que habían llegado de Nigeria, no me imaginé a esos dos roperos de dos por dos, ébano puro, que le doblaban la edad. Y ya le había dicho que sí a mi vecino, ahora no podía echarme atrás. Busque un alma caritativa, que por el módico precio de un trozo de bizcocho o un par de galletas, me hiciera compañía cuando estos alumnos estuvieran conmigo. Generalmente soy una chica valiente y confiada, pero pensé que siendo tan grandes y dos, no tendrían ningún problema en hacerme una calcomanía en un solo instante y decidí que más valía prevenir que pintar el piso de nuevo. En la tercera clase ya tenía la confianza suficiente para estar sola. S. venía cada día con un papel muy doblado. Lo estiraba en mi mesa muy despacio y me decía “dime si yo matar”. En ese papel apuntaba con faltas de ortografía las palabras que los compañeros de trabajo le decían para tomarle el pelo. Él que no conocía el idioma, las escribía para saber si alguna de aquellas palabras era un insulto a su persona. Yo me reía muchísimo cuando leí “tonto” “cuajao” “ tomate” o cosas a sí. Ante mi risa el añadía “no tu no quieres que yo mate nadie eh tú mentirme, malas palabras”. Enseñar tu idioma a otra persona es muy complicado, pero una experiencia muy bonita, sobre todo porque juegas con las palabras y vas siendo consciente de la intención que les damos. Es muy difícil trasmitir los dobles sentidos, el saber popular, las costumbres. Un día S. al mes de empezar las clases, vino con lágrimas en los ojos. Su hermano, venía en patera y no llegaba. No sabía nada de él. Ante su angustia y no poder expresarse, le pedí que lo hiciera en su idioma. No le entendía, pero os juro que sentí cada palabra de dolor y de rabia como si supiera su significado. Estuvo mucho rato hablando entre llanto entrecortado. Y cuando terminó se abrazó a mí como un niño pequeño. Había guardado cada euro ganado para ir trayéndose a su familia, pero la llegada era muy dura. Intenté ayudarle, visitamos varias ONG que nos guiaron en la búsqueda. Ahí descubrí a un grupo de personas impresionantes. Personas que desinteresadamente ocupan sus horas para ayudar a los demás. Con una calidad humana que abrumaba, con un trato exquisito y una forma de vivir que me hizo sentir pequeña e insignificante. S. no encontró a su hermano hasta 3 meses después, nada más y nada menos que en Francia. Pero la alegría que tenía le hizo hilar todas las palabras en español de forma tan caótica que estuve riéndome como hora y media. Ha sido muy divertido. A veces las clases se mezclaban con intercambios de humor, su risa por la mía. Y aprendió tanto y tan rápido que ya llegó la hora de la despedida. Para la última clase, hice este pastel de manzanas. Que devoró de una sola vez. Claro que midiendo 1`98 lo mismo no es mucho mérito. Entre risas me decía “maestra este pastel está bueno, exquisito, fragante ( ni idea lo que quería decir pero como estaba tan lanzado…) Ahora él se marcha a Francia con su hermano, buscando un trocito de futuro. Cogerá su maleta, unos cuantos euros, su Ford fiesta desgastado y toda la ilusión del mundo por seguir luchando. Y voy a echarle de menos, porque me ha hecho reír, me ha hecho pensar, superarme intentando encontrar las mejores respuestas. Me ha hecho aprender mucho más de lo que yo haya podido enseñarle. Ya tiene nivel para leer estas líneas. Y me gustaría escribirle las palabras más bonitas del mundo. Juntarlas en un paquetito y que le acompañaran siempre. Para que las usara para abrirse camino. Quisiera escribirle cuanto le admiro. Por ser tan valiente. Por no dejar que la vida le coja por sorpresa y salir corriendo hacia donde está su felicidad. Le admiro por que en esa lucha entran todos los que quiere. S. llegó en una patera con 34 personas más. Con mucho frío y un hambre de catorce días. Con una fuerza inmensa y unas ganas enormes de que el mundo supiera que existía. Yo, desde este salón donde hemos compartido tantas horas juntos le deseo lo mejor. Por justo lo mejor es lo que se merece. Buena suerte.
Ingredientes: (del libro de repostería de la thermomix)
2 manzanas
2 cucharadas de zumo de limòn
30 gr. de ron
200 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
200 g. de azùcar
4 huevos
150 gr. de harina de reposterìa
80 gr. de harina de almendras
2 cucharaditas de levadura quìmica
1 pellizco de sal
1 cucharadita de canela en polvo
1 pellizco de pimienta molida
1 pellizco de clavo
Batir muy bien el azúcar con la mantequilla. Añadir los huevos previamente batidos uno a uno, poco a poco. Añadir la harina y la levadura. Las harina de almendran y las especies. Añadir la sal. Triturar las manzanas y añadir a la mezcla anterior. Horno a 180 grados 40 minutos.
El pan de centeno siempre me trae recuerdos. Recuerdos de tardes sentada en la vieja alfombra de Víctor, contando cuentos y comiendo este pan con mermelada. Esta historia comienza un viernes por la mañana, cuando tres amigos, se van a Londres a pasar un puente. Juan, María José y yo. Con nuestras maletas, nuestros ticket para subirnos en todo sin tener que pagar en cada ventanilla y las ganas de pasarlo bien. Ni María José, mi compañera de trabajo en la guarde ni yo, hablamos inglés. Pero Juan siempre me traducía todas las canciones así íbamos tranquilas. No cogimos ni un solo metro. Ni un autobús. Todo andando. Así que ya podéis imaginar como María José y Juan acabaron. Ampollas en cada uno de los dedos de los pies. Me costó arrancar a María José ( con Juan ni lo intenté), para ir a comer algo. Y fuimos a un pub, a comer "fish and chip" un filete de pescado que sabe a cualquier cosa menos a pescado y unas patatas fritas que saben,curiosamente, a pescado. Se lo pido al camarero en inglés y me siento. El camarero me llama en Inglés y me dice algo que no entiendo ni a la de tres. Media hora. Pero no me enteraba. Ya por gestos, el pobre ,desesperado, me explica que no me servía a la mesa, que tenía que recoger todo en la barra...ah que fácil era. María José tiene un antojo y a ver como lo traducía yo. Ni idea. No hay bolsas de patatas fritas por ningún lado para señalar. Y después de 199993 gestos el camarero salta y dice: "la madre que la parió". Yo no pude más que echarme a reír y añadir "andaluza como tú". El pobre camarero que había pasado más de una hora para atender a dos señoritas, resultó ser malagueño, igual que nosotras, y no solo eso. Sino vecinos, vamos que sus hermanos mayores han estudiado conmigo. Ahí nos cambió el rumbo del viaje y todo lo aconteció después. Nos recomendó un montón de sitios que no vienen en las guías y sobre todo...nos indicó un restaurante muy bonito donde se hablaba español. Y en ese restaurante empezó una de las aventuras más bonitas de mi vida. Nuestra camarera una chica Ecuatoriana preciosa. Afortunadamente es un dato importante,porque el interés de Juan fue el que despertó el interés de ella. Nos contó que era maestra, que trabajaba por la mañana en un sitio y por las tardes en el restaurante. Que ya tenía a toda su familia aquí, pero le faltaba el más pequeño de veintipocos años. Tenía que regresar pronto a casa, porque su hermano corría peligro y traérselo para Londres. Pero no quería perder el empleo de la mañana, ninguna de sus amigas tenía titulación suficiente para sustituirla. Y sabía que si lo hacía alguna chica de fuera, no volvería jamás, porque estaba muy bien pagado. Por la noche quedamos con ella para ir a bailar salsa, y al final, tuve que ir sola, porque mis cansados compañeros se quedaron dormidos de pie (literalmente) . Conocerla era un placer para los sentidos. Tenía tanta alegría, tanto desparpajo, era tan sutilmente atrevida, con esa madurez que se adquiere a fuerza de golpe y que te hace tener una visión diferente del mundo. Esa noche conoció a quién hoy es su pareja. Volví al hotel con un correo en el bolsillo y la certeza que había ganado una amistad de las que disfrutar.
Regresamos a casa.
A los cinco días abrí el correo. Era una carta desesperada. Pidiendome a gritos, con letras cuajadas de dolor, que la sustituyera en el trabajo, porque tenía que ir a pagar, a sacar a su hermano de un lío. Por sus palabras "ese lío" debía de ser algo muy grave.
Ni que decir tiene que ni me lo pensé. Le devolví el correo con una sola palabra. Sí.
Lo difícil era ahora. Decirle al resto del mundo que iba a Londres por tiempo indefinido.
Anulé las citas de las consulta, restructuré con la editorial todos los cuentacuentos, y le dije a mi familia que me iba a trabajar a Londres. Sin saber ni una palabra en inglés.
Jamás he tenido más miedo en el cuerpo que en ese viaje. En cuanto llegué empezaron los problemas. No encontraba por donde salían las maletas. Me perdí. Así sin moverme del sitio. No importa, llamó por teléfono a la persona que me tenía que recoger (otro hermano mayor) y listo. Sí si, que me lo creía yo. NO funcionaba el móvil. A esto que vi algo así como "reclamacion bagage" uff ni me acuerdo ya...pero vamos a mi me sonó a reclamar algo. Pero no era pa reclamar nada,ahí justo donde tenía que ir por ellas. Menos mal. Ya con mis maletas, me puse a buscar el chico y la chica con el cartelito que supestamente decían "bienvenida Mariló". Nadie. Me faltó llorar. Si lo que yo quería era ir a mi casa, comerme una pizza recién hecha. No estar en ese sitio horrible sin poderme comunicar con nadie. Justo cuando las lágrimas empezaron a salir de pura angustia, un chico que venía con un bebé en el mismo avión que yo, y con el que había estado jugando en el aeropuerto de Málaga, me preguntó si me ocurría algo. No, no me ocurría nada. No tenía ni una libra, no funcionaba mi móvil y no sabía que hacer. Y el chico muerto de la risa, eso sí, me prestó su teléfono, que milagrosamente funcionaba. Mis amigos ( futuros amigos) estaban en otra puerta esperándome, porque para mi sorpresa, ellos tampoco hablaban ni una palabra de inglés. Como llegamos a casa fue un milagro. Mi nueva casa era una gran casa, donde vivían dos parejas, dos hermanos y sus novias, un amigo de la familia, y en cuanto llegáramos, Susana, Víctor y yo. La casa era bastante grande. Tenía una alfombra enorme ( que más parecía una moqueta). De techos altos y una escalitana no apta para volver mareado a casa (esta es otra historia, yo no bebo, pero marearme , como nunca en mi vida, de dar vueltas, en esta escalera). Yo tenía que compartir mi habitación con Víctor, que llegaría dos días después.
Ahora me rió, pero os voy a relatar el peor día de mi vida de maestra. Llegué, tras coger cinco metros en vez de uno ( me equivoqué una mijilla) al sitio. En la recepción no me entendieron. Suerte que Susana me dejó una carta con instrucciones. Entré a mi clase y vi a mis alumnos. El más joven podía tener unos 55 años. Eran ingleses, que por algún motivo, tenían que trabajar de cara al público español. Mi trabajo consistía en enseñarles a rellenar formularios. Nombre ,dirección etc...
Todas las caras me miraban. Y empecé a hablar en español. Y todos se miraban entre sí como si yo fuera una especie de otro planeta. Estaban disgustados por estar ahí, y ...no tardaron mucho en hacérmelo ver.
Pero claro, era yo o ellos. Y evidentemente no me iba a dejar ganar. El curso duraba una semana y en esa mañana ya había repasado con ellos todos los ítem de los cuestionarios.
Cuando llegué a casa, en la salida del metro, dos chicos negros me salieron al camino. Nadie me dijo que estábamos en un barrio "algo peligroso". Creo que me salvó de ser robada el no entender lo que me pedían. Pero pasé tanto miedo en el forcejeo, que no dormí nada en toda la noche. Suerte que siempre he corrido rápido...
A la mañana siguiente, cuando fui a mi trabajo, sentí lo que sentían los niños pequeños cuando sus madres la dejan en el colegio los primero días del curso. Cuanta angustia llevaba yo en el cuerpo.
Repasé los conceptos...y todos aprendidos.Y a mí que me quedaba la esperanza que no fuera así. A ver que hacía en las próximas cinco horas.
Bueno, no me quedó otra. Tuve que solucionarlo como buena andaluza que soy.
En la tercera hora tenía a todos los alumnos bailando sevillanas. En las cuartas jugábamos a hacer una paella, y en la quinta uno casi se muere de tanto ajetreo. Las cosas iban mejorando.
El cuarto día me robaron el monedero. Y a las diez, cuando salió el primero del trabajo vino a socorrerme, pero yo había caminado 8 horas y 20 minutos. Sin comer ni beber. Creo que pasé como cinco o seis veces por la misma tienda de chocolate.
A la semana siguiente, el número de alumnos se había duplicado. Y a la siguiente triplicado. Con lista de espera. Creo que se corrió la voz que se comía paella gratis y que había cuadro flamenco incluido ( como ellos no sabían, pensaba que yo, estaba bailando tangos, malagueñas y todo lo que pude bajarme de internet pero no hacía otra cosa que ser una impostora). No sabía bailar, pero daba el pego. Había visto a mi hermana bailar en todas las actuaciones, así que sabía lo suficiente para mentir con descaro.
El segundo día de estar allí, descubrí que la luz de las casas se compraba en los kioscos. Se recargaba en una tarjeta. Pero no fuimos capaces de encontrar ni la tarjeta ni el kiosko. Como la única que sabía inglés era Susana...los demás nunca se molestaron en averiguarlo. Fueron noches entrañables, sentados en el salón. Entre mezclando nuestras historias con cuentos y anécdotas. Me sentía muy afortunada por la experiencia que me había tocado vivir. Desayunaba arroz y huevo duro, porque me daba vergüenza pedir pan y aceite. Comía arroz a medio y día y por la noche. Suerte que pronto descubrieron mis dotes culinarias y me dejaron a mí...por que sino... Llegó Víctor. Y con él la casa se vistió de fiesta. Fuimos al museo del juguete a volver a ser niños, pasamos un día en un parque de atracciones y bailamos salsa en un barco ( me registraron en la entrada...y me dejo impresionadísima). No volví a ver a Susana. Yo me vine un sábado y ella regresó un domingo. Pero sé que dejé allí una familia.
No os olvido. Thaís, yo también quiero lo mismo.A por ello. Susana, ese bebé...no debió nunca de llevar un nombre tan feoooooo. Pero si le llamas María me siento un poco menos culpable. Juan, tienes mucha suerte de tener esa familia. Y esa familia tiene mucha suerte de tener a ti. Susan, me han llegado las fotos de el bebé...no imaginé que era ni la mitad de bonito. Y a los tres hermanitos... que os admiro. Por vuestra forma de organizaros y convivir. Por vuestra forma de luchar y seguir adelante. Ojalá que el sueño de todos ellos, se cumpla tan pronto como se merecen. Os quiero.
1 sobre de levadura
350 gr. harina de fuerza
150 gr. harina integral de centeno
230-250 gr. de agua
50 gr. de aceite de oliva
2 cucharadas de sal
Mezclamos los elementos secos. Luego echar el agua templada. Es una mezcla muy blanda que no se puede casi manejar. Dejar levar como dos horas. Echar en un molde y dejar otras dos horas. Cocer 40 minutos a 200 grados.
Hice estas galletas para regalar a una compañera del cole, que hoy es su cumpleaños. Son una galletas que vi en el blog de Alicia y de Reme, al sur del sur. Dos blogs que seguro que conocéis porque son fantásticos.
Son muy fáciles de hacer. Escoges la masa de galleta que más te guste. Retiras con un cortador ( o algo redondo como la parte de atrás de una boquilla)la parte central. La pones en una bandeja de horno con papel de horno. Y sobre el trocito que has quitado pones un trocito de caramelo. Ojo, un trocito, no un trozo grande, porque rebozaría. Para que os hagáis una idea, un caramelo normal, pues he puesto la tercera parte.
Y listo...al horno entre 10 y 15 minutos. No levantar hasta que la galleta esté totalmente fría. Y no se os ocurra poner el dedo en el caramelo (te quemas y duele mucho mucho mucho).
Hoy os traigo una historia muy divertida que le pasó a alguien muy especial en mi vida. Todos mis amigos la conocen y me han recordado hasta la saciedad que la ponga.
Francis es un chico alegre, con un corazón de oro y muchas ganas de ayudar. A veces, esas ganas de ayudar y su forma de ver el mundo, tan sencilla y sin grandes complicaciones nos ha metido en líos inmensos...pero siempre hemos salido airosos.
Esta historia ocurrió justo cuando yo entré en su vida. Vino muy cabizbajo, porque había hecho algo "muy gordo hoy".
Como todos los días había ido a repartir leche ( trabajaba de repartidor, hoy ya no). Le tocaba ir al centro cívico a llevar su pedido. No puedo explicar exactamente que es el centro cívico pero si os puedo decir que es un sitio donde se dan cursos, porque impartí varios allí.
La recepción de la mercancía la hacía una monjita con la que Francis tenía una cordial relación. Justo cuando había empezado a soltar las cajas, vio un hombre cargando un televisor, el pobre no podía. Él, como no podía ser de otra manera, viendo al hombre apurado, le ayudó y juntos llevaron el televisor hasta el coche. El hombre, muy agradecido, volvió dentro de nuevo a por otro televisor. Francis y la monjita, pensaron a la vez que lo mejor era que volviera a ayudarle o ese hombre acabaría tiraran do uno de los enormes televisores.
Francis le ayudó a cargar los ocho televisores. Y después empezó a descargar lo suyo. Cuando estaba soltando su última caja, sintió mucho jaleo y alguien lo empujó contra la pared. Escuchó mucho murmullo pero entendió perfectamente el "sí él, él ha sido". El guarda jurado de la zona, lo presionó contra la pared. Reclamándole los ocho televisores que había robado. Y Fancis ,que es como es, y no dice lo que piensa la mayoría de las veces añadió "yo no los he robado, solo he ayudado". Hora y media y la intervención de la monjita para que lo dejaran marchar sin cargos. Había ayudado a robar los televisores...pero hombre, había sido sin querer....me añade ahora, aquí sentado a mi lado, recordando la historia con una sonrisa.
Con Francis, me ha detenido la guardia civil por posición de armas ( sino no me he equivocado posición, otra historia que no tiene desperdicio), me he perdido en otro país y no he encontrado el camino en seis horas y media. Y he reído la mitad de las risas de mi vida. Y he vivido aventuras para llenar seis blogs entero. Porque él es así. Capaz de recoger de la calle a un drogo dependiente y llevarlo un kílometro andando a un centro de salud. Llevar a unos extranjeros desde Torremolinos a al estado de la Rosaleda solo para enseñarles el camino. Él es así...
(Porque la buscas aquí???)
Ingredientes: 1 huevo 220 gramos de mantequilla 220 gramos de azúcar glass 50 gramos de coco rallado 340 gramos de harina
BAtir mucho la mantequilla con el azúcar glass. Añadir el huevo batido. Mezclar con la harina y el coco.
Dejar en la nevera media hora.
Estender con un rodillo y ...cortar.
10 a 15 mintuos al horno ( sin aire, porque las galletas no llevan nunca aire) 180 grados.